jueves, 27 de octubre de 2011

Mervyn Peake... Poemas






Caminás sin saber
que hay una tenue gacela
que se mueve cuando tú te mueves
y es una con los miembros
que son tuyos.

Vives sin saber
que hay un débil, sobrenatural
eco de cascos
que dentro de tus blancas corrientes
de arcilla clara que amo

toman vuelo cuando giras
cuando te paras, cuando te mueves,
cuando duermes, porque la tenue
gacela nunca descansa
en tu bosque de marfil.

+++


Las cosas más vastas son aquellas que no podemos aprender.
No nos enseñan a morir, ni a nacer,
ni a arder
de amor.

Qué digno de lástima es nuestro regreso forzoso
a las pequeñas cosas que podemos dominar.

+++



El problema con los geranios
¡es que son demasiado rojos!
El problema con mi tostada es que
está llenísima de pan.

El problema con un diamante
es que es demasiado brillante.
Lo mismo se aplica a los peces y a las estrellas
y a la luz eléctrica.

El problema con las estrellas que veo
es la manera en que vuelan.
El problema conmigo mismo es que
el centro de todo es el ojo.

El problema con mi espejo
es que me muestra a mí;
hay problemas en todas las cosas
cuando no debería ser así.

+++



Igual que un gran mercado atrae a los excéntricos
soy como una ciudad levantada en arcilla
donde los locos medran, ya que bajo mi piel,
en cualquier soportal o calleja secreta

que serpea en mis huesos de medianoche, ellos
acechan harapientos, esperando impacientes
la orden de tomar mi esternón, y asolar
la capital con vivas a la revolución.

+++



Igual que un gran mercado atrae a los excéntricos soy como una ciudad levantada en arcilla donde los locos medran, ya que bajo mi piel, en cualquier soportal o calleja secreta que serpea en mis huesos de medianoche, ellos acechan harapientos, esperando impacientes la orden de tomar mi esternón, y asolar la capital con vivas a la revolución.





miércoles, 26 de octubre de 2011

Ted Hughes... Cinco poemas








Pibroch

El mar aúlla con su voz vacía
tratando por igual vivos y muertos,
cansado de la bóveda celeste
después de innumerables noches faltas
de sueño, de objetivo, de autoengaño.

Como piedra. La piedra es prisionera
como ninguna cosa muerta o viva.
Universo de ovejas negras. Crece
consciente a veces de la mancha roja
del sol, soñando que es de Dios el feto.

Sobre la piedra el viento se apresura
y sabe penetrar en nada, como
la oreja de la piedra ciega misma,
que se da vuelta como si sintiese
su mente una explosión de direcciones.

Bebiendo el mar, la roca devorando,
el árbol lucha por abrirse en hojas:
una vieja caída del espacio
que desconoce nuestras circunstancias.
Sigue asiéndose, enteramente loca.

Minuto tras minuto, evo tras evo,
nada se frena ni se desarrolla.
Y no es tanteo ni frustrada prueba.
Aquí ojiabiertos ángeles penetran.
Aquí todos los astros se arrodillan.

Versión de Jesús Pardo



Los compañeros de juegos de Cuervo

Cuervo, solitario, creó a los dioses para sus juegos:
pero el dios de la montaña se liberó de él

y cuervo cayó de la pared pétrea de los montes
con lo que se vio muy reducido.

El dios fluvial sustrajo los ríos
a sus líquidos vivientes.

Un dios tras otro: y todos fuéronse liberando de él
robándole su hogar y su fuerza.

Cuervo vaciló, sus restos, inertemente despojados.
Era residuo de sí mismo, escupitajo de sí mismo.

Era lo que su mismo cerebro no alcanzaba a comprender.

Y así, el mínimo, el menos vivo objeto existente
fue merodeando sobre su grandeza inmortal

más solitario que nunca.

Versión de Jesús Pardo



Un gesto

He aquí este gesto escondido.
Buscaba un hogar. Tanteó rostros
distraídos, por ejemplo, el rostro
de una mujer que se sacaba un niño de entre las piernas
pero en aquel rostro duró poco tiempo el rostro
de un hombre preocupadísimo
con el acero volador en el instante
de un choque de automóviles se fue de su rostro
dejándolo solo eso duró menos tiempo incluso, el rostro
de un soldado disparando ráfagas de ametralladora no mucho tiempo y
el rostro de un jinete en el segundo
en que chocaba contra la tierra, los rostros
de dos amantes en los segundos
en que tanto se penetraban que olvidáronse
completamente uno de otro yeso estuvo bien
pero tampoco duraba.

Así pues el gesto probó el rostro
de una persona perdida en sus gemidos
un rostro de asesino y el momento áspero
en que el hombre rompe todo
lo que se le pone a tiro y es capaz de romper
luego se fue de aquel cuerpo.

Probó el rostro
en la silla eléctrica buscando una permanencia
de muerte eterna pero era demasiado plácido aquello.

El gesto
volvió a hundirse, desconcertado por el momento,
en el cráneo.

Versión de Jesús Pardo



Cómo empezó a jugar el agua

Agua quería vivir
fue al sol y volvió llorando
Agua quería vivir
fue a los árboles la quemaron volvió llorando
La pudrieron volvió llorando
Agua quería vivir
fue a las flores la pisaron volvió llorando
Quería vivir
fue al vientre encontró sangre
volvió llorando
fue al vientre encontró cuchillo
volvió llorando
fue al vientre encontró gusano y podredumbre
volvió llorando quería morir

Fue al tiempo fue por la puerta de piedra
volvió llorando
fue por todo el espacio buscando nada
volvió llorando quería morir

Hasta que no le quedó lloro

Yacía en el fondo de todas las cosas

completamente agotada completamente claro todo

Versión de Jesús Pardo



Alas

I
El señor Sartre medita sobre asuntos
de actualidad

Encogido, en la enorme ala rota de su sombra,
recrea el mundo en el interior de su cráneo, como el espectro de una flor.

Sus ojos son prisioneros del hecho
de que sus manos se han convertido en moscas.

Con sonrisas calaverales, las poblaciones de la tierra
deambulan entre tumbas, como el hoguera apagada por la lluvia.

Bosteza, ladeando un ojo extinto
hacia la mosca dormida en la tulipa.

Pero su corazón sigue impertérrito...

El pólipo fragmentador de cráneos de su cerebro, sobre su diminuta raíz,
se cierne irónico sobre él:

los ángeles, susurra, son metáforas, a imagen del hombre,
para diversión de la amiba.

Sigue sentado en la estancia doblemente oscura,
meditando en la raya carroñófaga.

Y en sus alas, leves, blancas, como de ángel,
y en los labios cupídicos del vientre nefasto.

Y en el mar, esta lengua en su oreja, lamiendo la última página.

* * * * *


II
Kafka escribe

Y él es un búho
es un búho, «hombre», tatuado en el sobaco
bajo el ala rota
(aturdido por la luz cayó aquí mismo)
bajo el ala rota de inmensa sombra que se agita sobre el suelo.

Un hombre de impotentes plumas.

* * * * *

III
Einstein toca a Bach

Y cayó finalmente. Y la gran ala en trizas
de sombra sobre el suelo.
Su memoria eleva cuanto recuerda
de ambos mundos, y unas pocas palabras.

La fatigada máscara de arrugas, los ojos de luto,
la tristeza del mono en su jaula.
Estrella que mira estrellas a través de las paredes
de una jaula llena de nada.

Y ninguna perdiz cae
de la nube. Ni maná
para ángeles.
Sólo la columna de fuego contrae su fuerza en una mota estelar.

Ahora el sargazo de un solo grano de arena
sería más dulce que un arroyo roquero
e a una boca
hendida por vapores estelares.

Un petirrojo le vio andar... ¡Emocionantel
Pero las lágrimas casi vertidas fuéronse,
una nube grande como su mano,
una corona arrugada de relámpagos que no encontraban la tierra.

Se inclina, orante, sobre música, como sobre un pozo.
Pero es el calderón del átomo.
Y es el ojo de Dios en el tifón.
Es un horno, rugiente de llamas.

Es una cuenca quemada y sin fondo
llena de moscas
en fugas
y reza

«¡Madre! ¡Madre!
Oh madre

mándame amor.»

Pero las moscas
las moscas se elevan en nube.

Versión de Jesús Pardo

viernes, 8 de julio de 2011

Cesare Pavese... Vendrá la muerte y tendrá tus ojos




Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una palabra vana,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando te inclinas sola ante el espejo.
Oh querida esperanza
también nosotros aquel día
sabremos que eres la vida y eres la nada!

La muerte tiene una mirada para todos.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
será como abandonar un vicio,
como ver que emerge de nuevo
un rostro muerto en el espejo,
como escuchar un labio cerrado.
Descenderemos, mudos, al abismo.

Vladimir Maiakovski... Cinco poemas



Y DE TODOS MODOS

La calle se ha hundido como la nariz de un sifilítico.
El río es voluptuosidad que se prolonga en saliva.
Lanzando su ropa interior hasta la última hoja
los jardines yacen derrengados obscenamente en junio.

Salgo a la plaza,
me pongo en la cabeza
la calle ardiente, como una peluca roja.
Los peatones me eluden con temor: en mi boca
agita las piernas un grito a medio masticar.

Pero no oiré un reproche, no escucharé ladridos,
y habrá flores a mis pies como a los de un profeta,
porque ustedes, narices hundidas, lo saben muy bien:
yo soy su poeta.

¡Vuestro juicio final me da tanto miedo como una taberna!

Pero tan sólo a mí, a través de edificios en llamas,
me sacarán en andas las prostitutas como a efigie sagrada,
y me mostrarán a Dios en su descargo.

¡Y Dios llorará leyendo mi brevísimo libro!
Hecho de temblores en compactado ovillo, no de palabras;
y echará a correr por el cielo estrechando mis versos
y los recitará a sus amigos conteniendo el aliento.



LA FLAUTA ESPINA DORSAL

Para todos vosotros,
los que me gustaban o me gustan,
guardados por las imágenes santas en la cueva,
levanto el cráneo lleno de versos,
como una copa de vino en un brindis de sobremesa.
Pienso más y más a menudo:
sería mejor poner el fin
con la punta de una bala:
Hoy mismo,
por si acaso,
doy un concierto de despedida.
¡Memoria!
Recoge en la sala del cerebro
las filas inagotables de los amados.
Vierte la risa de los ojos en los ojos.
Adorna la noche de las bodas pasadas.
Verted la alegría de la carne en la carne.
Que la noche no se olvide de nadie.
Hoy tocaré la flauta
En mi propia espina dorsal.



¡ESCUCHAD!

¡Escuchad!
Acaso, si las estrellas brillan,
¿es que hay a quien le haga falta?
¿Es que alguien quiere que estén?
¿Es que alguien toma estas escupitinas por perlas?
Y a gritos,
entre polvaredas de mediodía,
se abre paso hacia dios,
teme que nadie le espere,
llora,
besa su mano nervuda,
ruega,
¡habrá por fuerza una estrella!
clama,
¡no aguantará este calvario a oscuras!
Y después
anda inquieto,
con expresión de calma.
Le dice a alguien:
«¿Acaso ya no tienes nada?
¿No da miedo?
¡¿Sí?!»
¡Escuchad!
Acaso, si las estrellas
brillan,
¿es que hay a quien le haga falta?
¡¿Es que es preciso
que cada vez que anochece
sobre los tejados
se encienda siquiera una estrella?!



LILICHKA – EN VEZ DE CARTA

El humo del tabaco resquemó el aire.
El cuarto, un capítulo en el infierno kruchonijiano*.
¿Te acuerdas?,
tras esa ventana,
por vez primera,
acaricié, frenético, tus manos.
Hoy estás
con el corazón acorazado.
Otro día más,
y me expulsarás abrumándome de injurias.
En la turbia antesala no acierta
con la manga la mano quebrada de temblor.
Huiré,
arrojaré el cuerpo a las calles.
Arisco,
enloqueceré
tajado de desesperación.
¿Para qué eso?,
querida,
piadosa,
déjame decirte ¡adiós!
Aunque no quieras
es mi amor
lastre que arrastrarás
adonde vayas.
Deja que llore en el último grito
el amargor del desaire.
El buey cansado de trabajar
va
y se tumba en las aguas frías.
Para mí
no hay otro mar que tu amor,
y tu amor no concede descanso.
Si quiere calma el elefante agotado
se acuesta majestuoso en la arena encendida.
Para mí
no hay otro sol que tu amor,
y yo no sé dónde estás, ni con quién.
Si atormentaran así a un poeta,
él,
por dinero, cambiaria a su amada y la fama,
pero a mí
no me alegra otro sonido
que el sonido de tu nombre entrañable.
No me arrojaré al patio,
no beberé veneno
ni podré apretar el gatillo en la sien.
En mí,
aparte de tu mirada,
no manda el filo de las navajas.
Olvidarás mañana
que te coroné,
que abrasé en el amor el alma florida,
y el carnaval agitado de los días vanos
aventará las páginas de mis libros.
Las hojas secas de mis palabras
¿te harán detenerte
y respirar con ansiedad?
Déjame
que con mi última ternura alfombre
tus pasos que se van.



POEMA INCONCLUSO

Preludio inacabado de un poema, probablemente escrito poco antes del suicidio de Maiakovski en 1930. Una parte de la estrofa III se repite en la nota de suicidio

I

¿Me quiere? ¿No me quiere? Retuerzo las manos
y los dedos
destrozados desperdigo.
Así deshojan al adivinar y esparcen
por mayo
corolas de margaritas del camino.
Aunque las canas descubran el peinado y la barba;
aunque abundantes suenen en plata
los años
espero, confío; que jamás llegue
a mí el vergonzoso buen juicio.

II

Son las dos
estarás en la cama
O tal vez
tú también andes mal.
No hay prisa,
y con urgencias de telegrama
no tengo
porqué
despertarte y molestar

III

El mar se aleja de mí.
El mar se aleja a dormir.
Como dicen, incidente zanjado,
la barca querida varó en lo diario.
Estamos en paz,
y no viene a cuenta un listado
de mutuos dolores, penas y agravios.

IV

Son las dos estarás en la cama.
La Vía Láctea es un Osa de plata estelar.
No hay prisa y con urgencias de telegrama
no tengo porqué despertarte y molestar.
Como dicen, incidente zanjado,
la barca querida embarrancó en lo diario.
Estamos en paz y no viene a cuenta un listado
de mutuos dolores penas y agravios.
Mira en el mundo qué paz;
la noche orló de un tributo de estrellas el cielo.
A estas mismas horas te levantas a hablar
a los siglos, la historia y el universo.

V

Sé de la fuerza de las palabras, sé de las palabras el rebato.
No son a las que aplauden los palcos.
De palabras tales se desprenden los ataúdes
y sus cuatro patitas de roble sacuden.
A veces la suprimen, no se publica ni imprime,
pero la palabra vuela con las cinchas ceñidas,
tañe los siglos y llegan a rastras los trenes
a lamer las manos encallecidas de la poesía.
Sé de la fuerza de las palabras: parece de memos,
pétalos caídos bajo los tacones de un baile.
Pero el hombre con el alma los labios los huesos…

Georg Trakl... Transfiguración



Cuando cae la tarde
un rostro azul te abandona furtivo.
Un pájaro canta en el tamarindo.

Un monje apacible
junta sus manos ya muertas.
Un ángel blanco visita a María.

Una corona nocturna
de violetas, trigo y uvas purpúreas
es el año de quien contempla.

A tus pies
se abren los sepulcros de los muertos,
cuando posas la frente en tus manos plateadas.

Silenciosa habita
en tu boca la luna otoñal,
sombrío es el canto ebrio del opio;
flor azul
que suena quedamente en piedras amarillas.

Ezra Pound... La tumba de Akr Caar



Yo soy tu alma, Nikoptis. He velado
Estos cinco milenios y tus ojos muertos
No se movieron ni nunca han respondido a mi deseo,
Y tus miembros ligeros, que atravesé en llamas,
No han ardido conmigo ni con azafranada cosa alguna.

Mira, la hierba leve se levantó para hacer tu almohada
Y te besó con una miríada de lenguas vegetales;
Mas tú no me besaste.
De tanto leerlo gasté el oro de la pared
Y fatigué mi pensamiento en los signos.
Y no hay nada nuevo en este sitio.

He sido amable. Mira, he dejado los cántaros sellados
Por si despertabas y murmurabas por tu vino.
Y he mantenido suaves las túnicas sobre tu cuerpo.

¡Oh despreocupado! ¡Cómo podría olvidar!
-Hasta el río hace tanto tiempo,
¿El río? Eras menos que joven
Y tres almas vinieron sobre Ti
Y yo vine.
Y volé sobre ti, las hice huir;
He sido íntima contigo, te he conocido.
¿Acaso no he tocado tus palmas y las puntas de tus dedos?
¿Acaso no me he deslizado a través tuyo hasta los talones?
¿Cómo entré? ¿Acaso no soy yo tú y Tú?

Y ningún sol viene a socorrerme en este lugar
Y estoy desgarrada contra la oscuridad tenebrosa;
Y ninguna luz me golpea y no dices
Palabra, día tras día.
¡Oh! podría salir, a pesar de las marcas
Y toda su hábil labor sobre la puerta,
Salir a través de los campos de verde cristal...

Mas hay quietud aquí.
No me voy.

viernes, 8 de abril de 2011

Tristan Tzara... The Great Lament Of My Obscurity Three. Elegido por Emilie Tavaearii



The Great Lament Of My Obscurity Three... Tristan Tzara

where we live the flowers of the clocks catch fire and the plumes encircle the brightness in the distant sulphur morning the cows lick the salt lilies
my son
my son
...let us always shuffle through the colour of the world
which looks bluer than the subway and astronomy
we are too thin
we have no mouth
our legs are stiff and knock together
our faces are formeless like the stars
crystal points without strength burned basilica
mad : the zigzags crack
telephone
bite the rigging liquefy
the arc
climb
astral
memory
towards the north through its double fruit
like raw flesh
hunger fire blood


jueves, 7 de abril de 2011

Charles Baudelaire... L'Héautontimorouménos Y Diamanda Galas... L'Héautontimorouménos. Elegidos por Diego Barrera.





Charles Baudelaire... L'Héautontimorouménos


"I shall strike you without anger
And without hate, like a butcher,
As Moses struck the rock!
And from your eyelids I shall make


The waters of suffering gush forth
To inundate my Sahara.
My desire swollen with hope
Will float upon your salty tears


Like a vessel which puts to sea,
And in my heart that they'll make drunk
Your beloved sobs will resound
Like a drum beating the charge!


Am I not a discord
In the heavenly symphony,
Thanks to voracious Irony
Who shakes me and who bites me?


She's in my voice, the termagant!
All my blood is her black poison!
I am the sinister mirror
In which the vixen looks.


I am the wound and the dagger!
I am the blow and the cheek!
I am the members and the wheel,
Victim and executioner!


I'm the vampire of my own heart
— One of those utter derelicts
Condemned to eternal laughter,
But who can no longer smile!"







Diamanda Galás... L'Héautontimorouménos





martes, 25 de enero de 2011

Joyce Mansour... Algunos Poemas



Un viejo y su vieja ocultos bajo tierra
mano podrida junto a mano podrida, a gusto en la mugre
se hablan sin labios se comprenden sin palabras
oyen el canto lento y grave de la tierra nutrida
y en su corazón se preguntan
si algún día morirán.


No hay palabras
Solamente pelos
En el mundo sin verdor
Donde mis senos reinan
No hay gestos
Solamente mi piel
Y las hormigas que bullen entre mis piernas untuosas
Llevan máscara de silencio mientras trabajan
Llegan la noche y tu éxtasis
Y mi cuerpo profundo ese pulpo sin pensamiento
Engulle tu sexo agitado
Durante tu nacimiento.



Soy la noche
La noche congelada por la fría imbecilidad de la luna
Soy la plata
La plata que engendra la plata sin saber por qué
Soy el hombre
El hombre que aprieta el gatillo y mata la ilusión
Para vivir mejor.



Un nido de vísceras
Sobre el árbol reseco de tu sexo
Un negro ciprés se alza en la eternidad
Velan a los muertos que alimentan sus raíces
Dos ladrones crucificados sobre chuletas de cordero
Se burlan de un tercero que, cumplida su misión,
Se come su cruz de carne
Asada.



Mi cuerpo ha adelgazado
Desde el otoño
A causa de la langosta marina
Que aulla bajo mi lecho
Al despuntar cada día
Mi ojo está cerrado
Desde el otoño
A causa de mi seno de madera de rosa
Que se endurece
Mi lecho es una cruz
Desde el otoño
A causa de tu cuerpo
Que ordena
Y se ríe
Mientras duermo
Ojalá lleguen las primeras lluvias.


No os comáis los hijos de los otros
Pues su carne se pudriría en sus bocas bien provistas
No comáis las flores rojas del verano
Pues su savia es la sangre de los niños crucificados
No comáis el pan negro de los pobres
Pues ha sido fecundado por sus lágrimas ácidas
Y echaría raíces en vuestros cuerpos recostados
No comáis a fin de que vuestros cuerpos se marchiten y mueran
Para crear sobre la tierra en duelo
El otoño.



Islas de enfermedades
Con leprosos como loros
Mar de silencio helado por el reloj parlante de la vejez
Gritos de una joven perra descuartizada
El hospital vela por sus muertos-vivos que no han nacido.



Desnuda
Floto entre despojos con bigotes de acero
Con la herrumbre de sueños interrumpidos
Por el suave ulular de los mares
Desnuda

Persigo las olas de luz
Que corren sobre la arena sembrada de cráneos blancos
Muda planeo sobre el abismo
La densa gelatina del mar
Pesa sobe mi cuerpo
Monstruos legendarios con bocas de piano
Se repantingan en la sombra de los abismos
Desnuda yo duermo

&&

Sueño con tus manos silenciosas
Que bogan sobre las olas
Rugosas caprichosas
Y que reinan sobre mi cuerpo sin equidad
Me estremezco me marchito
Pensando en las langostas
De antenas ambulantes y ávidas
Que raspan el semen de los barcos dormidos
Para extenderlo luego sobre las crestas del horizonte
Las crestas perezosas espolvoreadas de peces
En las que yo me repatingo todas las noches
La boca plena las manos cubiertas
Sonámbula de mar salada de luna.



Las maquinaciones ciegas de tus manos
sobre mis senos estremecidos
Los movimientos lentos de tu lengua paralizada
En mis orejas patéticas
Mi belleza íntegra ahogada en tus ojos sin pupilas
La muerte en tu vientre que come mi sexo
Todo hace de mí una extraña doncella.



Llueve en la concha azul de la ciudad
Llueve y la mar se lamenta
Los muertos lloran sin cesar sin razón sin pañuelo
Se perfilan los árboles contra el cielo viajero
Exhibiendo sus tiesos miembros a los ángeles a los pájaros
Porque llueve y el viento se ha callado
Las gotas locas emplumadas de grasa
Cazan gatos por las calles
Y el olor pringoso de tu nombre se expande
(por el nacimiento de las aceras
Llueve amor mío sobre el pasto abatido
En donde nuestros cuerpos extendidos han germinado alegremente
Todo el verano
Llueve oh madre mía y ni siquiera tú puedes nada
Porque el invierno camina solitario sobre la extensión de las playas
Y Dios ha olvidado cerrar la canilla.



Yo no tengo la culpa si tienes frío, querido
No esperaba tu muerte.